Lunes, 31 Mayo 2021

Los celos de Othello invaden el Teatro Abadía de Madrid

por Fernando Plaza
Una amiga me invitó este viernes a ver Othello, la verdad es que no soy mucho de teatro pero en los últimos meses ya he ido tres veces por temas de esos que mezclan el ocio con el trabajo.

¡Cuidaos, mi señor, de los celos!
Son un monstruo de ojos verdes,
que se burla de la carne de la que se alimenta.

Asi que allí estaba yo en los jardines del Teatro de La Abadía, sentando plácidamente en un banco esperando que vinieran el resto de acompañantes, aprovechando para escudriñar a esa peculiar fauna que frecuenta eso que llaman "el placer inteligente".

No sé si a ti te pasa lo mismo pero yo últimamente soy incapaz de ver nada en la tele, casi cualquier cosa me aburre... el cine y las películas, qué tal importantes han sido para ayudarme a entender el mundo que me rodea, desde hace ya varios meses me generan una indiferencia absoluta. No sólo no estoy viendo películas nuevas... sino que además me estoy cargando los recuerdos de los clásicos que han marcado mi vida: la rutina funciona más o menos así, escudriño compulsivamente Netflix, HBO, Prime o similar hasta que me encuentro algo tipo "Jerry Maguire", "El último Mohicano"... y luego consumo la película en menos de media hora saltando solo a las partes que más me gustan.

Lo sé, soy una persona horrible... pero no me culpen a mi, culpen a Instagram, a YouTube, a todos esos videos de tres minutos que llevan intoxicando mi mente los últimos años.

Pero centrémonos en lo que nos ocupa, en Othello... ¿me gustó? ¿merece la pena ir a verla? ¿es una buena adaptación del clásico de Shakespeare?. Si estáis esperando en mi la opinión de un espectador ilustrado, que Dios os pille confesados, sólo os podré decir que a mi me encantó, porque entré en esa abadía y me olvidé del mundo durante más de una hora, tras revisar el movil compulsivamente para asegurarme de que lo tenía en modo avión, lo dejé todo atrás y disfrute de lo lindo viendo a esos actorazos dándolo todo.

Tantas emociones corrieron por mi cabeza, desde las más profundas a las más banales... fantaseé con tener algún día las abdominales de Othello, o el valor para ir a despelotarme a una playa nudista, pensé si existirán en el mundo estrategas tan diabólicos como Yago e infinidad de cosas más que no habrían pasado por mi corazón ni mi mente si me hubiera quedado en casa.

De Othello sali como al que le han dado una paliza, traumatizado como esa vez que me dio por entrar al quirófano en el parto de mi hija... algo en mi interior se había removido tal vez incluso roto. Han pasado 24 horas y aquí estoy escribiendo este artículo, me he pasado la mañana escuchando audiolibros de Othello y hasta a mis hijos les hablo con referencias shakespirianas.

Tendría que haber llamado a mi hijo Othello, ese si que es un gran nombre.

En fin, qué grande es Madrid... todos los fines de semana escapo de ella hacia las montañas, pero mira tú por donde que ahora la oferta teatral de la capital se ha convertido en un argumento a favor de seguir viviendo aquí.

Othello en el Teatro Abadía