Miércoles, 22 Agosto 2007

Café d’estiu, un oasis en el cogollo de Barcelona

por María Padín
Entre mis particulares obsesiones se encuentra la de hallar rincones poco frecuentados por el gran público, escondidos del bullicio y el trasiego diarios, anclados en un tiempo indefinido en el que poder abandonarse al placer y al ocio sin remordimientos. Éstos son de una belleza singular, exacerbadamente subjetiva, tanto que me resultaría difícil definirla, simplemente podría acertar a decir que tienen encanto, magia, una atmósfera en la que te sientes cómoda y especial.

Y el Cafè d’estiu es una de las últimas joyas de mi selecta colección. Este pequeño bar al aire libre situado en el patio del Museo Frederic Marès sólo abre durante los meses estivales, por lo que la ansiada espera durante el crudo invierno hace su reapertura doblemente especial. Mientras el frío húmedo tan propio de Barcelona se cuela sin piedad en tus huesos, anhelas que llegue el bochorno del verano (otro clásico de nuestra capital) para poderlo pasar a la fresca en el Cafè d’Estiu rodeado de las murallas de la antigua ciudad y presidido por el silencio y la quietud de este claustro.

Nada mejor para empezar con buen pie un nuevo día que degustar uno de sus completísimos desayunos (con yogurt, frutas, tostadas y bollería, entre su oferta) mientras hojeas la prensa de la jornada, ya que también está muy bien surtido de publicaciones.

Y por la tarde, nadie me quita sus pasteles y su té helado, un pequeño lujo al alcance de todos los afortunados conocedores de este café semioculto de los itinerarios oficiales. Un emplazamiento único, un agradable microclima, tranquilidad y buenos alimentos (como cifra el refrán). Ya sólo os queda la mitad del verano para descubrirlo y disfrutar de este oasis urbano. ¿A que esperáis? Aunque sólo sea para criticar después mi pésimo gusto...

En DolceCity Barcelona: Cafè d´estiu

Cafè d´estiu ( Ver plano )

Plaça de Sant Iu 5
Tel: 932682598
Web: www.textilcafe.com

Pequeño bar al aire libre situado en el patio del Museo Frederic Marès que sólo abre durante los meses estivales. Un emplazamiento único, un agradable microclima, tranquilidad y buenos alimentos.