IBAI: Un hotel y restaurante con encanto en el Garraf
por Ariadna AlcañizCerca de Barcelona, en el pueblo de Sant Pere de Ribas, se halla esta osteria contemporánea en la que hospitalidad y encanto se dan la mano. A destacar su restaurante, muy recomendable.
Inauguramos el fin de semana y la previsión meteorológica indica buen tiempo. ¡Por fin! Para celebrar que la primavera está más cerca y que lo rayos de sol cada vez son más presentes, por qué no coger el coche y dirigirse hacia Sant Pere de Ribes, muy cerca de Sitges. Aquí se halla Ibai, una antigua masía reconvertida en hotel con encanto que se define como una osteria contemporánea. Una osteria es una de esas casas de huéspedes que acogían a los visitantes haciéndolos sentir como en su propio hogar, poniendo en valor el concepto de hospitalidad. Ese trato cercano y atento es una de las cualidades de Ibai, pero cuenta con otros méritos para dejar Barcelona por unos días y entregarse en cuerpo y alma a la dolce vita.

Fui el sábado pasado con mi familia y probamos su recomendable restaurante. Cuenta con dos zonas diferenciadas: la de fumadores, dentro del edificio original, y la de no fumadores, ubicada en un espacio acristalado contiguo. En sintonía con esa voluntad de dar el mejor servicio al cliente, las mesas están muy separadas para ganar en tranquilidad, y resultan de lo más espaciosas. La carta es un recorrido por la cocina catalana, con platos de temporada y otros clásicos como la coca de escalivada, los caracoles o el arroz mar y montaña. Una de sus sugerencias es el chuletón, realmente delicioso, así como el bacalao, muy sabroso. El pan, también hecho por ellos, es otro ejemplo de cómo se han cuidado todos los detalles para hacer de la experiencia un recuerdo memorable. Y la carta de vinos, un exhaustivo muestrario de las D.O. catalanas, aunque también incluye referencias foráneas.

Aunque yo no me quedé a dormir, os hablaré también de su condición de hotel. Habitaciones acogedoras, presididas por las lujosas camas suecas Hästens, sirven para evadirse de la rutina y disfrutar de la tranquilidad. Pero, sin duda, lo que más llama la atención, son las zonas comunes diseñadas para gozar del aire libre. La terraza es un sueño de cara al verano, mientras que la zona de la piscina –con chill out incorporado-resulta un enclave de lo más apetecible. En definitiva, un logrado equilibrio entre el pasado y el presente que denota que, en el fondo, no hacen falta grandes aspavientos para satisfacer al visitante sibarita. Todo es cuestión de calidad y un buen servicio.
En DolceCity Barcelona: Ibai


Aunque, tal vez, el más práctico y atractivo de los servicios que presentan sea el de traslado al veterinario o a la peluquería. Y es que con los horarios laborales que tenemos en Barcelona -¿¿acaso no somos de la UE??- a veces puede resultar muy difícil encontrar un hueco para estos quehaceres. Ahora problema resuelto: Con una llamada ellos lo hacen por ti. Como novedad, también ofrecen la posibilidad de realizar un vídeo protagonizado por tu mascota, con tu música favorita de fondo. ¿Te lo imaginas? Esto sí que es un detalle de lo más original. Se nota que a los impulsores de Dogui's les encantan los perros y, seguro, que éstos lo notan enseguida.



Parece que la crisis no frena los proyectos hoteleros. Especialmente, dentro del sector del lujo, pues si la semana pasada se inauguraba el Mandarin Oriental –del que procuraremos hablar en un futuro post-, el mes pasado el protagonismo recayó en el W Barcelona, ubicado en el edificio “vela” de Ricardo Bofill. Los barceloneses hemos visto como esta obra colosal iba creciendo poco a poco en primera línea de mar y ahora, al fin, podemos ver el resultado. Tras varias polémicas, el W ha sufrido ligeras modificaciones del proyecto original –se ha recortado la altura, la forma se ha “ensanchado”-, aunque sigue siendo una edificación espectacular que redefine el skyline de la ciudad.

En estos tiempos, es difícil seguirle la pista al mapa comercial de la ciudad: tiendas que cierran, otras que cambian de dueños o nuevas aperturas en sitios donde nunca antes había habido un comercio. Por ejemplo, la emblemática tienda de Farrutx en el Eixample –ligada para siempre a mi adolescencia- ahora la ocupa una firma italiana, también prestigiosa, que en lugar de zapatos vende artículos de viaje y negocios. Piquadro se llama y empezó su andadura en 1987 en Bologna, aunque ahora se trata de una marca global, con dos puntos de venta en Barcelona.







Hacía tiempo que tenía ganas de ir, pero no fue hasta el jueves pasado que hice mi primera visita al flamante nuevo hotel ME Barcelona. Situado a escasos metros de mi casa, su impresionante y estilizada presencia en la Diagonal llamaba mi atención cada vez que pasaba por delante, que no eran pocas. Finalmente, con motivo de una fiesta, descubrí su interior y entendí por qué el ME Barcelona está haciéndose un hueco en el panorama de ocio de la ciudad, pues aúna diseño, espectacularidad y lujo en el mejor de los marcos posibles, un rascacielos de 120 metros de altura concebido por el prestigioso arquitecto francés Dominique Perrault. Su singularidad radica en que no se trata de una torre robusta, sino de una estructura ligera y minimalista que tiene un cuerpo añadido y colgante. Una arquitectura del siglo XXI, como su vecina Torre Agbar, que rompe moldes y añade un elemento más a tener en cuenta en el renovado skyline barcelonés.


